lunes, septiembre 20, 2010

Devastación: la tragedia en regiones por paso de “Karl”

ISRAEL ROLDÁN | PASO DE OVEJAS, VER.

Caminan de un lado a otro, buscan ayuda, ven una y otra vez su patrimonio perdido. Se detienen en los albergues, piden víveres, despensas, se las entregan a cuentagotas.

El huracán “Karl” y sus remanentes no distinguieron condición socieconómica. Lo mismo golpeó a familias “pudientes” que a personas de escasos recursos.

El “Hotel & Spa Puente Nacional”, ubicado en ese municipio, sería inaugurado en dos semanas y deberá esperar por los destrozos que causó el agua desbordada del bravo río Huitzilapan. Ese sitio daría empleo directo a 60 familias.

Sus propietarios andan sobre los escombros, el lodo y piedra que sepultó parcialmente el lugar. Felix Rafael Morales asegura que en el inmueble se invirtieron 35 millones de pesos que fueron reducidos a nada. La fuerza de la corriente arrastró todo.

“El nivel del arroyo subió unos 10 metros, de tal modo que nos inundó toda la planta baja, el primer nivel a la mitad, llevándose todo el mobiliario que ya estaba en el hotel que iba a abrir en dos semanas”, expresó.

Dentro de lo que serían las habitaciones hay troncos de árboles; la cocina, restaurante y salón de usos múltiples quedaron destruidos en su totalidad.

Para esa familia de inversionistas aún no hay apoyos de las autoridades que les garantice que mantendrán el proyecto.



Hasta el mediodía de ayer se mantenía suspendido el suministro de energía eléctrica en ese municipio. Cuadrillas de empleados de la CFE, algunos venidos de Tamaulipas, realizaban los trabajos de rehabilitación del cableado y levantamiento de postes.

En Puente Nacional no hay uno solo de los 15 mil habitantes que no hayan sido afectados cuando menos de manera indirecta.

Pero las afectaciones no son menores en Paso de Ovejas. Ahí las comunicaciones de la población son limitadas. No hay luz ni telefonía; tampoco agua potable, mucho menos embotellada.

En ese municipio desbordó también el afluente del río Los Pescados que desciende desde Jalcomulco. La corriente socavó el puente Paso de Ovejas y dejó incomunicada a la población.

Otro de los caminos destruidos fue el que comunica al centro de esa ciudad con el poblado San José, en donde el paso a desnivel fue arrasado.


La colonia Centroamérica está devastada, parcialmente bajo el lodo. Los propietarios de las viviendas semisepultadas intentan mantener los ánimos pero es imposible, algunos sueltan lágrimas.

En ese sitio se ubica la escuela primaria del mismo nombre. En su explanada central –cubierta por escombros– acabó una Suburban arrastrada por la fuerza del agua que no ha sido reclamada por su dueño.

Ahí hay personas que comienzan a registrar enfermedades como diarrea, gastroenteritis y hongos en la piel. Para ellos no hay medicamentos, pues comienzan a escasear en las farmacias y boticarias.

En ese municipio se habilitaron tres albergues en los que se sirven alimentos calientes y en los que pernoctan los que perdieron sus casas.

Debajo de los escombros hay animales muertos; como enterrado está el esfuerzo de muchos años de esos veracruzanos –de los “pudientes” y de aquellos de escasos recursos- damnificados por “Karl”.


lunes, agosto 30, 2010

CRÓNICA: Bajo el agua

Comunidades en Minatitlán están incomunicadas; las familias prefieren correr el riesgo de que el agua los alcance que a salirse de sus casas rodeadas por ríos desbordados.


Israel Roldán
roldan@marcha.com.mx
Twitter: @israel_roldan

Minatitlán (Veracruz).- Son bravos los ríos de la cuenca. Y con la permanencia de las lluvias en el sur del estado no dejan de soltar bravatas de que seguirán desbordándose hasta rebasar la cifra de 100 mil damnificados.

En el Papaloapan son al menos 650 comunidades afectadas, particularmente de los municipios de Cosamaloapan, Tlacotalpan, Minatitlán y Chacaltianguis.

Éste es quizá el más cubierto por el agua. Sus calles están anegadas; sobre las azoteas se ve a la gente que ondea telas blancas para que sean vistas por los helicópteros que sobrevuelan.

Las inundaciones han frenado en estos lugares la vida laboral y productiva de las familias. En estos días es posible andar de un lado a otro sólo a través de lanchas, así es como se entregan víveres y se saca a la gente de sus casas que, en principio, se niegan a abandonarlas por temor a la rapiña.

En la región de Cosamaloapan los daños mayores son a los cultivos, incuantificables aún. El ganado ha corrido con mayor suerte pero también hay pérdida de cabezas. Son pocas, pero son.

La petrolera ciudad de Minatitlán también tiene daños. El río Coatzacoalcos desbordó sus aguas que cubren algunas de las calles enclavadas sobre el malecón.

Ahí los comercios han tenido que cerrar y sus propietarios dar la mercancía por perdida. Como en noviembre de 2008, comienzan a evaluar las afectaciones y la forma de levantarse de ésta otra inundación.

En ese municipio comenzaron los trabajos de remediación con maquinaria que desfoga el agua que cubre las calles. Ahí ya hay atención a la población.

En donde no hay siquiera parada de autoridades municipales es en las comunidades afectadas. El Iguanero y Campoacán son dos de éstas. El desbordamiento del río Cuachapa los tiene incomunicados desde hace cinco días.

Para sus habitantes únicamente es posible volver a sus casas en las lanchas que se apuestan al lado del paso carretero interrumpido por la corriente.

En Campoacán, según los pobladores, habitan alrededor de 2 mil personas. La mayoría decidió quedarse en sus viviendas para no arriesgar sus pertenencias.

“Se han quedado para cuidarse del raterismo”, dice Adrián Salomé Ruiz, uno de los que atendió las medidas preventivas al dejar la comunidad.

A unos kilómetros de ahí, en El Iguanero, hay alrededor de 76 viviendas. Es una localidad que cerca al río. Marisela Hernández González es la agente municipal de la comunidad.

“Tenemos de a dos, tres días con agua en las casas. Acá nos dedicamos a trabajar en las compañías, salimos a la ciudad, pero ora (sic) sí no hemos podido ir porque estamos incomunicados porque pues no llega el servicio para transportarnos, siempre lo hacemos en camionetas pero ahora hay que hacerlo a través de las chalupas”, afirma.

Se niegan a salir
de sus viviendas

En Campoacán aún hay familias que realizan maniobras para subir sus pertenencias a lo más alto de sus viviendas, a las que solamente se entra al recorrer siete minutos en lancha que flota a metro y medio del nivel normal de la tierra.

Con Santiago Ribbon Mayo, un trabajador de la refinería de Minatitlán, se tuvieron que alojar 16 personas más, todos familiares.

Asegura que no dejan sus casas porque tienen miedo al robo que se da cada vez que se registran inundaciones.

- Tenemos que defender un poco lo que nos queda. Mientras tengamos espacio donde dormir, donde estar, pues acá pensamos quedarnos otro rato –asegura.
- ¿Cuántos están ahora en la casa?
- Estamos viviendo cuatro familias. Acá al lado vive mi hermana y como su casa se fue a pique pues le dimos asilo acá, somos 17 personas entre niños y adultos.
- ¿Y no piensan salirse?
- Estamos escuchando que va a seguir creciendo el río, no ha parado de crecer, hoy fueron como tres pulgadas; creo que sí nos vamos a salir pero nada más que veamos que el agua nos esté llegando arriba (…) y que sea lo que Dios quiera.

En toda la Cuenca del Papaloapan se tiene registro de 8 mil personas albergadas. En la zona de Coatzacoalcos se activaron mil 700 albergues. Además se contabilizan 30 mil casas con daños y 100 mil personas damnificadas, aunque la cifra seguirá en aumento.



viernes, julio 02, 2010

Colombianización del Estado mexicano

Con tufo de soberbia el presidente pone distancia entre México y la colombianización aunque con su discurso concede una aproximación





Por Israel Roldán

El asesinato del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, conduce, sí, a la ‘colombianización del Estado mexicano’.

El presidente Felipe Calderón Hinojosa se opone a cada una de esas interpelaciones aunque lo hace sin argumentos. Justifica hechos violentos con discursos que para su mal son malamente elaborados.

Se niega a aceptar que en México hay zonas carcomidas por el narcotráfico y el crimen organizado que parecen emular escenarios de terrorismo.

Para reafirmar su negativa advierte reiteradamente que el país está lejos de guerrillas, bandas paramilitares y escuadrones de la muerte como las que tenían presencia en Colombia aún en la década pasada. Igualmente lo hace sin dejar espacio para impugnaciones ajenas.

Con tufo de soberbia y entonamiento el presidente Calderón pone distancia entre México y la colombianización. Cada vez que puede infiere que la lucha de su gobierno acabará con el crimen y la delincuencia organizada con sus ejecuciones, ajustes de cuentas, secuestros –levantones– y el codeo con el poder político.

El titular del Ejecutivo entiende que reconocer cualquier cercanía del Estado mexicano con la colombianización sería aceptar que algo de barbarie se está apoderando de la política y de la sociedad.

¿Pero qué pasa, entonces, con el discurso del mandatario? Pareciera que es ahí en donde empata la comparación. Con su carga coercitiva reclama que las cosas andan mal aunque no se ha llegado a los extremos colombianos.

Por el asesinato de Rodolfo Torre Cantú decía el presidente Calderón –en su mensaje a la nación– “estos sucesos representan un atentado, no sólo contra un ciudadano, un ciudadano que aspiraba a servir a su comunidad desde una responsabilidad pública, sino que son atentados contra toda la sociedad”.

Y criticaba con más dureza: “Se trata de un hecho, no sólo contra un candidato de un partido político, sino contra las instituciones democráticas”.

Confesar que el crimen organizado representa ahora “la mayor amenaza para la seguridad, la libertad y la tranquilidad de los mexicanos”, es asomar el compás sostenido entre México y la Colombia de los años 90.

A Felipe Calderón ocupa el crimen del candidato priista a la gubernatura tamaulipeca como un acto de terrorismo con intereses “tan aviesos (…) que ha conmovido al país”.

En su afán de disponer la prioridad de los asuntos, colocar a su gobierno y a los partidos políticos, gobernadores y a todos los ciudadanos (a los que convocó a la unidad) en relaciones específicas, el Ejecutivo carga de coerción su discurso sin darse cuenta que concede una aproximación a la aseveración del México colombianizado.

El jefe de las instituciones sabe que el asesinato de Rodolfo Torre Cantú conduce, sí, a la ‘colombianización del Estado mexicano’.

Y por eso en su mensaje a la nación advierte que en su intento por controlar territorios, los delincuentes buscan intimidar no sólo a otros criminales y grupos delincuenciales, sino también a las autoridades y a la sociedad.

Hoy el presidencialismo intenta legitimarse lingüísticamente, explícita o implícitamente. No lo ha logrado pese a la insistencia. No ha podido ‘cuajar’ la idea de que el crimen organizado no alcanzará sus objetivos, que “no conseguirá vencer nuestra fe en la democracia ni doblegar nuestra confianza en el futuro de México”.

Si es así, seguirá la desunión y no habrá corresponsabilidad de los mexicanos a la que hacía referencia por el crimen de quien inminentemente ganaría la elección en Tamaulipas el próximo domingo.

Israel Roldán es periodista; israelroldan1@hotmail.com; jefe de información periódico MARCHA www.marcha.com.mx

(Este texto se publicó originalmente en el portal de noticias www.ejecentral.com.mx el 29 de junio de 2010)

Mensaje del presidente Felipe Calderón